LOS AÑOS MÁS FELICES Y NADIE NOS QUITA LO BAILADO

 

                                                                           Por: Oscar Arnal

 

A Villa-Piscina llegamos a los 5 años más perdidos que el hijo de Lindbergh. Pronto nos mecimos en unos columpios inmensos, que colgaban de unas cadenas largas. La velocidad que agarrábamos en oportunidades, nos hacía aterrizar sobre un piso de piedras, que provocaba toda suerte de heridas. Aprendimos que a pesar de los golpes y caídas la diversión continuaba al montarnos de nuevo. Más tarde, un compañero de infancia apodado “La Guacamaya”, al quebrarse varios huesos, desertó hacía los Arcos.    

Al cabo de dos años, cuando todavía varios se chupaban el dedo, pasamos a Villa-Loyola, lo que parecía todo un logro. Ante conductas desenfrenadas, las monjas nos la aplicaron: amenazaban con los jalones de oreja, las cachetadas o el padre Moreta. Ni que hablar de cuando la madre Sierra venía a leer las notas, algunos sufrían de dolores estomacales. La relación entre las religiosas, profesoras y nosotros, se mantenía en un círculo vicioso, que iba del más tierno y puro amor al antagonismo.   

Como en primer grado éramos los más pequeños tuvimos que defendernos de quienes abusaban de nuestro tamaño. Con el tiempo las alturas cambiaron y hubo revanchas. El caribeo que sufrimos también lo practicamos. Más tarde, con los ideales progresistas de los jesuitas aprendimos el significado de la justicia distributiva, la compasión y los derechos humanos.

Entre las diversiones de los recreos estaban los famosos rayos de metras, los torneos de trompos y las competencias de yoyos, cada uno con su momento de fiebre. De los árboles caían en abundancia los cachitos, algunos desplegaban dotes: puliéndolos, abriéndoles huequitos y convirtiéndolos en llaveros.  

Los que íbamos al colegio en sus autobuses, gozábamos un puyero, la guachafita llegó a tales extremos que muchos fuimos castigados con las tediosas planas. Al mediodía regresábamos a nuestras casas, almorzábamos y volvíamos a clases, para después retornar con nuestros vecinos de ruta. Cuando teníamos una actividad y nos quedábamos a almorzar, con un bolívar le comprábamos al cantinero Yeyo: un buen sándwich de jamón y queso derretido, en suave pan francés (un real); un refresco (un medio); y como postre, un delicioso tamarindo azucarado (una locha); y un Toronto (con la otra). Con un medio también podíamos comprar las dulces bolsitas de mentas “AeroMints” o un exquisito chocolate de leche.     

Ciertos compañeros, por su buen comportamiento y notas, eran seleccionados para pertenecer a “Los Cruzados”, un gran honor que pocos se daban: “muchos los llamados, pocos los escogidos”. Algunos formaron parte del coro. Así mismo, nadie podrá olvidar cuando llegaba el mes de la Virgen, los actos diarios donde entonábamos el “Venid y vamos todos con flores a María, con flores a Porfía que Madre nuestra es”… A pesar de su carácter, muchos nos enamoramos de la madre Gavilondo. Otro se entró a golpes con la monja Cazar. Desde los inicios del colegio, España fue nuestra querida madre patria.

La verbena de las verbenas era una de las atracciones anuales favoritas. Especialmente la ruleta del kiosco de los animalitos. ¡Eso sí! pobres conejos, pollos y pececitos. Los que no morían el mismo día, estaban condenados a fallecer en los siguientes. En materia de comida gozamos de los platos vascos, gallegos, los choripanes, las tortas y los helados. Por cierto, muchos con nuestros hijos, continuamos rememorando estos tiempos de dicha sin igual.

Desde primaria sufrimos los embates de Ali Rajamelcoco durante la semana colegial. Con el pasar a los grados superiores el horror torno en diversión. Lamentablemente la violencia de algunos de los que integraban la banda de Alí, dio pie a que más tarde terminaran proscribiendo su actuar atropellado.

Las visitas sorpresivas del padre Moreta causaron angustia. Aquel que tenía el pelo largo era conminado a regresar con el corte militar. Al día siguiente volvía a chequear, y el que no se sometía a sus órdenes, sufría una grave sanción.   

Los viernes tuvimos proyección de cine. Vimos grandes clásicos entre los que nos vienen a la memoria “El puente sobre el río Kwai”, donde todos terminamos tarareando el silbido de los héroes de la película. También vimos varias de Cantinflas…El salón de actos siempre fue un buen espacio para demostrar quien era el mejor tirador de taquitos y volador de aviones de papel.         

En quinto grado nos inscribimos en el C.E.L. , aprovechando el espíritu del padre Galdos. Las continuas excursiones nos permitían entonar canciones y afinar el gallo. Que si: “De valientes conquistadores hoy juramos lealtad”...“Cuando Fernando Séptimo usaba paletó”... “Voy por los mares de esmeralda y tul, cantando alegre por el mar azul, voy, voy”... “Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”... y por supuesto acoplar a la perfección con nuestras palmas la famosa: “Hoja de té, de té, de té, hoja de té, de té, de té, hoja de té, hoja de té, té”... La excursión a Occidente en quinto grado fue accidentada en muchos aspectos. Gracias a la providencia no hubo bajas. Antes de llegar a los Andes, al autobús le estallaron más de diez llantas, y cuando subimos al pico Espejo en teleférico más de uno fue auxiliado con oxigeno. En la vía de los medanos de Coro, el balón que nos tirábamos, se cayó del autobús conducido por Juancito. Increíble que recuperamos la pelota en el camino de vuelta. Espectaculares los campamentos en el Caroni. Dormíamos en unas carpas dentro del Parque Nacional “La Llovizna”. A lo largo de nuestra pasantía por el C.E.L. coronamos el Naiquatá y siempre surgía la leyenda del volcán dormido.

Un compañero de promoción, que amó con pasión el excursionismo, es el miembro de mayor experiencia del “Proyecto Cumbre”, alcanzando las mayores alturas del planeta. ¡De alguna u otra forma a todos nos representa!.          

Las tardes deportivas organizadas por el hermano Calvo nos llenaron de triunfos compartidos. Había premios para las tres categorías. Al hablar del deporte recordamos al inolvidable Carlos Morreo, con su partida aprendimos a soportar el dolor del compañero ido. Su ausencia provocó un vacío que nos ayudo a comprender lo frágil de la vida. En su memoria se realizaron varios torneos de Beisbal coordinados por “Cañete”. Surgió, asimismo, el grupo compromiso. También rendimos un homenaje póstumo a los demás compañeros, profesores, hermanos y sacerdotes que compartieron con nosotros.

Entre lo mejor que hicimos por el deporte fue nombrar padrino de promoción al profesor de educación física y natación Carlos Seguí, lo recordamos con su pito, su animo, su voz de mando y disciplina. Años antes varios de nosotros donamos sangre cuando fue operado de corazón abierto. En materia futbolística nuestra promoción no dio nunca pie con bola. Mientras que en Beisbal más tarde pudimos conformar dos equipos: Lagartos y Loyola. Llegamos a ir a un nacional en Lagunillas, pero los maracuchos nos escamotearon el triunfo.

El desfile deportivo, con su entrega de premios,  nos remonta a los añorados terrenos del colegio, las mascotas que a veces se caían a mordiscos, y las bellas hermanas que nos embelesaban y servían de madrinas. Una vez llevamos una morrocoya grande encima de un patín. Que algarabía los partidos de IV contra V año. Los formidables instrumentos de la gran Banda de Guerra, en la cual varios hicieron carrera, le daban aún más calor y sonido al ambiente festivo.

Al mismo Hermano Calvo le encantaba el boxeo. Un par de riñas las resolvió con unos guantes profesionales. Cada quien contaba que había ganado la pelea. Los pugilistas llegaban llenos de moretones. Así cesaron las amenazas que nos hacíamos unos a otros, de ir a solventar nuestras diferencias, en el propio campo del Samán.      

En primer año vino a colación el tema del amor a Manuela. La inquietud era tal que uno de los delegados fue comisionado a hablar sobre aquello con el Hermano Tellería, luego nos comunicó las conclusiones: el problema desde el punto de vista cristiano era el de un acto egoísta y venial, donde se perdía tan abundante efusión, sin fruto de ningún tipo...

Que días tan sabrosos pasamos en todas las convivencias, excursiones y retiros: en la casa de Ocumare, en la residencia de los Teques, la Ciudad de los Muchachos y demás localidades. El de segundo año con el padre Mariano Fuentes fue de antología. Llegamos y unas buenas religiosas nos dijeron que todo lo podíamos hacer, ¡todo!, menos rayar los pupitres que estaban recién lijados y pulidos. El último día de la convivencia lloramos hasta la última lágrima en la misa de despedida. Debíamos además confesar nuestros pecados en público, y casi sin excepción todos delante de las mismas hermanas delatamos que nos habíamos comido el fruto prohibido: ¡dejamos arruinados los pupitres!...

Las féminas en humanidades transformaron el colegio. La primera promoción  mixta apareció cuando estábamos en tercer año. En un colegio de puros varones esto causaba conmoción y controversias. Parecían extraterrestres aterrizadas de Venus. Algunas llamaron mucho la atención, otras defraudaron a tan vasta audiencia. Con el pasar de las semanas se atenuó mucho el impacto inicial. De la misma manera en tercer año varios tuvieron problemas con física, química y matemáticas, rápido entendieron una vocación natural para las humanidades. Otros que insistieron por los caminos de las ciencias, más adelante los vimos cursar también carreras humanistas. En tercer año a alguien se le ocurrió repartir carnets de un partido político. Diversos simpatizantes del partido opuesto recibieron las noticias de su incorporación con sobresaltos. Para los jesuitas el colegio debía ser cantera para servir al país desde lo más alto.  

En cuarto año un advenedizo de humanidades, en las primeras de cambió, escribió un articulo en el EDASI, donde criticaba por falta de mística a quienes habíamos estado en el Colegio toda la vida. De inmediato, la promoción entera se aglomeró en los jardines con animadversión, pidiendo su cabeza. La multitud coreó y repitió vociferante: “queremos la cabeza de…”. Se escabulló, y ¡Más nunca escribió nada!...Ese mismo año, unimos a las dos planchas en disputa electoral y el centro de estudiantes fue decidido mediante un refendum, donde se votaba por el Sí o por el No. Unos de la promoción, que ya estaban en el centro de estudiantes y pretendían continuar en su acción, provocaron un fraude, antecedente de los después conocidos. De cualquier manera, el Sí fue arrollador y quedaron descubiertos, al haber más votos que sufragantes. El autor intelectual y material fue descubierto. Un par de miembros del mismo clan, saboteó también al nuevo CESI para que no publicáramos el EDASI. Pese a los contratiempos, al final, contamos con la tradicional revista colegial.

Como la riqueza petrolera era el signo de los tiempos hubo bailes de jueves en adelante: Billos, Los Melódicos, la mini-teca Gipsy…En las fiestas se amanecía, y hasta se desayunaba. De algunas varios llegaron el viernes directo a clases. Otros cuando no eran invitados se convertían en saltadores de muros o falsificadores de cedulas. Acechaba el legendario Mocho Brujo. En los saraos siempre bailamos y cantamos el famoso pasodoble: “Y viva España”. Durante toda esa época vivimos en profundas paradojas: la abundancia nacional contrastaba con las predicas teológicas y sociales del colegio.           

En quinto año se produjeron incidentes dignos de relatar: a la clase de Humanidades la llamaban la pecera y desde ciencias lanzaron un anzuelo colgado en múltiples correas, lo atajó con consecuencias, el mismo padre Andueza. Como no teníamos que ir al colegio en uniforme, un día decidimos asistir vestidos de manera disparatada, y hubo reprimendas. De la misma manera, empezó un saboteo para no entrar a clases. Sonaba el timbre y nadie se movía. Nos amenazaron con que no habría graduación y la acción subversiva se desvaneció casi de inmediato.

Un día los de humanidades teníamos un examen tan complicado, que para diferirlo inventamos el pase del hermano Pedro a mejor vida. Activamos una cadena telefónica para que nadie quedara sin la noticia. Un compañero muy buena gente, recientemente encarC.E.L. ado por equívocos, se presentó en corbata negra. No se supo de los responsables, hasta el día de la graduación, cuando ya no podía haber sanciones.

La despedida de la Virgen del Colegio estuvo cerca de suspenderse. A los curas les llegó el rumor de que algunos planeaban disiparse mundanamente después de la Misa. Unos cuantos nos encontramos esa noche, en un recorrido de mala muerte. También empezamos a frecuentar la cervecería “Nueva Esparta”, de donde salíamos bamboleantes.         

De los sacerdotes y maestros la alegría de Benito, la amistad de Galdos, la severidad de Moreta, la singularidad del Ñato, la mística de Mariano Fuentes, la filosofía de Andueza, la historia de La Huerta, los cuentos de Pirro, la biología de Boston, los puntos positivos de Severino, las ocurrencias de Palmiro, las extravagancias de los profesores de Inglés, y no caben tantos y tan gratos recuerdos y personajes...   

Estas son parte de las memorias de una promoción plural, que egresó en 1978 y que cuenta con un Borracho que no lo fue, una Guacamaya que voló, un Tico, un Tato, un Pata É Burro, un Micro, un Guincho, una Gallina, una Enfermera, un Contro, un Mofeto, un Jupi, un Gordo, un Gato, un Chacho, un Mara, un Focho, un Paticas, un Negro, un Alvino, una Rata, un Escalador, un Sacerdote, tres Marías, varios cuatro pepas, músicos, ingenieros, abogados, médicos, administradores, hasta un Político, y mejor parar, para que acabe la nostalgia.

Sí alguien me dice, que ha vivido tiempos mejores después, ¡no lo creó!, y sí es verdad, lo envidio mucho. ¡Fuimos muy, pero muy felices!...Lo extraño, no lo sabíamos…